En la antigüedad se habla de la "Setelsis" romana,
a la que los visigodos añadieron el sufijo "ola"-Celsona-, como
ocurrió en tantas otras poblaciones. La dominación sarracena, por la falta de
testigos que dejó, cabe suponer que fue pasajera y que duró, como máximo, un
par de generaciones.
La formación de Cataluña comienza con la obra repobladora
del conde Wifredo el Velloso, hacia el año 870. Estudios recientes prueban como
éste conde fue herido de muerte en un castillo del Solsonés, concretamente en
el castillo de la Aiguadora
de Navès.
Hacia el siglo X, ya se había consolidado la población de
Solsona y se había construido un castillo y una iglesia. La villa nació en
torno a estos dos núcleos y, por consiguiente, tuvo también dos jurisdicciones,
la del duque de Cardona y la del obispo. Los dos señores no podían tomar
posesión de la ciudad si antes no juraban que guardarían sus costumbres y sus
privilegios.
Los orígenes del escudo datan del s. XIII
El escudo de la ciudad guarda las características medievales
de los señores que ha tenido: el centro está la cruz del monasterio de Santa
María, a la izquierda, una torre de Tarroja, ya la derecha, el cardo de los
Cardona. El sol radiante sobre la cruz aparece más tarde.
Es muy activa la presencia de Solsona en la reconquista de la Segarra , Lleida y el
Penedès. Muchos nombres del Solsonés se encuentran en la repoblación de estas
tierras. Santa María de Solsona recibió numerosas donaciones de aquellos
lugares. Los condes de Urgell la tenían como patrona de la Reconquista y querían
ser enterrados en el monasterio de Solsona, considerado "famoso en todo el
mundo".
En el siglo XIII ya consta el mercado semanal, aumenta la
vida comercial con abundancia de oficios menestrales, y se conoce la existencia
de una comunidad de judíos. Hacia el año 1299, el prepósito Ponç de Vilaró
inicia un nuevo templo gótico. En la expansión catalana del Mediterráneo, los
Tarroja, señores de Solsona, aseguran el Alguer (1181), y los mercaderes crean
compañías "trapo" con barcos propios que llegan al norte de África,
Constantinopla y Flandes. Eran tan conocidos, que el autor de la novela
caballeresca medieval Curial e Güelfa pone un mercader de Solsona, Pedro
perpunte, como el que libera Curial de la prisión de Túnez.
Los siglos XIV y XV son tiempos de una fuerte decadencia. Se
constata un descenso del monasterio con el mal gobierno de los últimos
prepósitos. La Peste Negra
de 1348 provocó grandes mortandades con el consiguiente despoblamiento de la
comarca, y muchos caseríos quedaron deshabitados. Las tensiones y los
conflictos de los payeses originaron la guerra civil contra Juan II
(1462-1472). Como hechos positivos, en Solsona cabe destacar el acuerdo de
construir unas nuevas murallas (1303), la construcción de las tres fuentes
públicas con el agua traída de la fuente de Mirabella (1420); la edificación
del hospital de Llobera (1416-1431), y la concesión de la hija del rey Juan II
de poder hacer feria en Solsona el lunes después de Pascua (1476).
Una de las jugadas clave de la historia de Solsona fue
conseguir el obispado, en contra de las pretensiones que las ciudades de
Manresa y Balaguer también tenían. A finales del siglo XVI, el sur de Francia
estaba plagado de herejes protestantes y sus incursiones hacia nuestra tierra
se hacían insoportables. También la montaña estaba llena de bandoleros que
creaban mucho malestar.
De resultas de todo ello, el rey de España, Felipe II, pidió
a Roma la creación del obispado de Solsona, como un baluarte de contención. El
papa Clemente VIII, en el año 1593, accedió a esta petición y convirtió la
iglesia del antiguo monasterio de canónigos agustinianos de Solsona en
catedral. El monarca, un año después, distinguió Solsona con el título de
ciudad. En Cataluña en aquel momento sólo había diez ciudades.
También es un tiempo que comienza la decadencia de la
lengua catalana. Mientras el castellano se va introduciendo en las clases altas
y se envían obispos castellanos, Solsona defiende el catalán con las comedias
en las plazas, los villancicos, canto de los gozos y la liturgia y predicación
de la Iglesia.
En los siglos XVII y XVIII, se vive el tiempo apasionado del
barroco. Hijo de Solsona era el gran pintor Francisco Ribalta, que se considera
el fundador de la escuela pictórica española del siglo de oro. Destacan otros
artistas de grandes retablos barrocos, como los Morató, que construyeron el
altar del Miracle, y los Pujol, autores del altar de los Colls, de Sant Llorenç
de Morunys.
En 1620 se crea la Universidad Literaria ,
dirigida por los dominicos, que da una fuerte vitalidad a las instituciones y
costumbres de la ciudad.
En 1652, después de superar la epidemia de la peste, Solsona
proclama la Virgen
del Claustro patrona de la ciudad.
La actividad comercial de Solsona se manifiesta con la
abundancia de oficios. Hemos contado más de 100 diferentes. Destacan los
pelaires, que se dedicaban a preparar la lana, y los cuchilleros, una de las
industrias más florecientes.
La prosperidad económica se evidencia a finales del siglo
XVIII con la fiebre constructiva de obras importantes, como el convento de las
monjas, el colegio de los escolapios, los puentes de la ciudad y el del Afrau,
el portal del Pont y sobre todo el palacio episcopal, construido por el maestro
de obras Francesc Pons, del que dicen que no sabía leer ni escribir, pero sabía
hacer palacios.
En las guerras del país, Solsona nunca fue botiflers y
siempre perdió:
En la Guerra
de los Segadores (1640), la ciudad alargó tanto la resistencia (1655), que tuvo
que venir el mismo Juan de Austria, hijo del rey Felipe IV, para hacerla y
entregarla al saqueo.
En la Guerra
de Sucesión (1714), Felipe V abolió la Universidad Literaria
y desterró al obispo de Solsona, Francesc Dorda, por haber defendido el
archiduque Carlos.
En la guerra contra Napoleón (1810), los franceses quemaron
la catedral. Se dice que el impío general Macdonald ordenó: "catedral, sin
obispo y canónigos, quemar-la"
En la primera guerra de los Carlistas (1833-40), Solsona fue
el centro de las operaciones militares y quedó tan destruida, que Pérez Galdós
en sus Episodios Nacionales escribe que Solsona "es la ciudad más fea de
la cristiandad".
La recuperación de la ciudad, en la segunda mitad del siglo
XIX, fue lenta y larga. Además, tuvo que luchar para recuperar el obispado que
el Concordato de 1851 había suprimido.
La revolución industrial no repercutió de lleno: los ríos
que movían la gran industria pasaban lejos, el tren no llegó nunca y las
carreteras llegaron tarde. Esto hizo que Solsona no creciera como tantas otras
ciudades del país. Muchas familias marcharon hacia las fábricas del Llobregat y
el Cardener.
El casco antiguo todavía presenta el interés de una ciudad
medieval con sus murallas y portales, sus calles estrechas, sus plazas, sus
fuentes y sus edificios, entre los que cabe destacar el palacio gótico de
Llobera, actual sede del Consejo Comarcal, el Ayuntamiento, de estilo
renacentista, que era la casa de un mercader, la plaza de San Juan, donde el
poeta Josep M. de Sagarra dedicó la famosa poesía "Recuerdo de
Solsona", la calle de Llobera, con las casas de muchos mercaderes y
canónigos, el palacio episcopal, dentro del cual se encuentra un interesante
museo, la catedral de estilo gótico primitivo, en el crucero de la cual está la
capilla de la Virgen
del Claustro, que es una imagen de estilo románico, considerada como de las
mejores del mundo.
Actualmente, Solsona es una ciudad histórica, tejida de
tradiciones celosamente guardadas, sin embargo no está cerrada dentro de sus
murallas, sino abierta a un futuro expansivo, con un ritmo de construcción
extraordinario. En las últimas crisis de trabajo, Solsona se ha defendido con
intenso comercio de ámbito comarcal, tal como se manifiesta en el mercado de
cada viernes y con las pequeñas empresas, que dan a la ciudad euforia de
trabajo y de vida.
Solsona es una ciudad donde brota el olivo y aún florece la
retama. Es una ciudad llena de vida y de inquietudes que, situada en el centro
del país, lucha por estar presente y activa en la historia de la Cataluña actual.
D. COSTA Y BAFARULL. Memorias de la ciudad de Solsona y
apoyo Iglesia. Ed. Balmes, Barcelona, 1959.
FALP PLANA, J. Topografía médica de Solsona y distrititos
adyacentes. Tipografía de la
Casa Provincial de Caridad, Barcelona, 1901.
Lacetània, periódico.
LLORENS SOLÉ, A. Solsona y el Solsonés en la historia de
Cataluña, vol. I y II. Ed. Virgilio & Pagès, Lleida, 1987.
LLORENS SOLÉ, A. La Virgen del Claustro de Solsona. Solsona, 1966.
Miscelánea: Solsona, 400 años de historia. Ayuntamiento de
Solsona, Solsona, 1994.
PLANES Albet, R. / Bayes. P. Un vistazo a la historia de
Solsona. Ayuntamiento de Solsona, Solsona, 1990.
RIO Y CABANAS, D.R. La Virgen del Claustro y la ciudad de Solsona.
Lérida, 1891.
recerca de la documentacio per Josep Maria Creus
ResponderEliminarPues, da ganas de conocer a Solsona
ResponderEliminarBodil
Uno de los señores de Solsona fue Gran Maestre de la Orden del Temple,y lucho en Jerusalen contra Saladino
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