viernes, 8 de marzo de 2013


La Solsona Medieval
En la antigüedad se habla de la "Setelsis" romana, a la que los visigodos añadieron el sufijo "ola"-Celsona-, como ocurrió en tantas otras poblaciones. La dominación sarracena, por la falta de testigos que dejó, cabe suponer que fue pasajera y que duró, como máximo, un par de generaciones.

La formación de Cataluña comienza con la obra repobladora del conde Wifredo el Velloso, hacia el año 870. Estudios recientes prueban como éste conde fue herido de muerte en un castillo del Solsonés, concretamente en el castillo de la Aiguadora de Navès.

Hacia el siglo X, ya se había consolidado la población de Solsona y se había construido un castillo y una iglesia. La villa nació en torno a estos dos núcleos y, por consiguiente, tuvo también dos jurisdicciones, la del duque de Cardona y la del obispo. Los dos señores no podían tomar posesión de la ciudad si antes no juraban que guardarían sus costumbres y sus privilegios.
Los orígenes del escudo datan del s. XIII

El escudo de la ciudad guarda las características medievales de los señores que ha tenido: el centro está la cruz del monasterio de Santa María, a la izquierda, una torre de Tarroja, ya la derecha, el cardo de los Cardona. El sol radiante sobre la cruz aparece más tarde.

Es muy activa la presencia de Solsona en la reconquista de la Segarra, Lleida y el Penedès. Muchos nombres del Solsonés se encuentran en la repoblación de estas tierras. Santa María de Solsona recibió numerosas donaciones de aquellos lugares. Los condes de Urgell la tenían como patrona de la Reconquista y querían ser enterrados en el monasterio de Solsona, considerado "famoso en todo el mundo".

En el siglo XIII ya consta el mercado semanal, aumenta la vida comercial con abundancia de oficios menestrales, y se conoce la existencia de una comunidad de judíos. Hacia el año 1299, el prepósito Ponç de Vilaró inicia un nuevo templo gótico. En la expansión catalana del Mediterráneo, los Tarroja, señores de Solsona, aseguran el Alguer (1181), y los mercaderes crean compañías "trapo" con barcos propios que llegan al norte de África, Constantinopla y Flandes. Eran tan conocidos, que el autor de la novela caballeresca medieval Curial e Güelfa pone un mercader de Solsona, Pedro perpunte, como el que libera Curial de la prisión de Túnez.

Los siglos XIV y XV son tiempos de una fuerte decadencia. Se constata un descenso del monasterio con el mal gobierno de los últimos prepósitos. La Peste Negra de 1348 provocó grandes mortandades con el consiguiente despoblamiento de la comarca, y muchos caseríos quedaron deshabitados. Las tensiones y los conflictos de los payeses originaron la guerra civil contra Juan II (1462-1472). Como hechos positivos, en Solsona cabe destacar el acuerdo de construir unas nuevas murallas (1303), la construcción de las tres fuentes públicas con el agua traída de la fuente de Mirabella (1420); la edificación del hospital de Llobera (1416-1431), y la concesión de la hija del rey Juan II de poder hacer feria en Solsona el lunes después de Pascua (1476).

Una de las jugadas clave de la historia de Solsona fue conseguir el obispado, en contra de las pretensiones que las ciudades de Manresa y Balaguer también tenían. A finales del siglo XVI, el sur de Francia estaba plagado de herejes protestantes y sus incursiones hacia nuestra tierra se hacían insoportables. También la montaña estaba llena de bandoleros que creaban mucho malestar.

De resultas de todo ello, el rey de España, Felipe II, pidió a Roma la creación del obispado de Solsona, como un baluarte de contención. El papa Clemente VIII, en el año 1593, accedió a esta petición y convirtió la iglesia del antiguo monasterio de canónigos agustinianos de Solsona en catedral. El monarca, un año después, distinguió Solsona con el título de ciudad. En Cataluña en aquel momento sólo había diez ciudades.

 También es un tiempo que comienza la decadencia de la lengua catalana. Mientras el castellano se va introduciendo en las clases altas y se envían obispos castellanos, Solsona defiende el catalán con las comedias en las plazas, los villancicos, canto de los gozos y la liturgia y predicación de la Iglesia.
En los siglos XVII y XVIII, se vive el tiempo apasionado del barroco. Hijo de Solsona era el gran pintor Francisco Ribalta, que se considera el fundador de la escuela pictórica española del siglo de oro. Destacan otros artistas de grandes retablos barrocos, como los Morató, que construyeron el altar del Miracle, y los Pujol, autores del altar de los Colls, de Sant Llorenç de Morunys.
En 1620 se crea la Universidad Literaria, dirigida por los dominicos, que da una fuerte vitalidad a las instituciones y costumbres de la ciudad.

En 1652, después de superar la epidemia de la peste, Solsona proclama la Virgen del Claustro patrona de la ciudad.

La actividad comercial de Solsona se manifiesta con la abundancia de oficios. Hemos contado más de 100 diferentes. Destacan los pelaires, que se dedicaban a preparar la lana, y los cuchilleros, una de las industrias más florecientes.

La prosperidad económica se evidencia a finales del siglo XVIII con la fiebre constructiva de obras importantes, como el convento de las monjas, el colegio de los escolapios, los puentes de la ciudad y el del Afrau, el portal del Pont y sobre todo el palacio episcopal, construido por el maestro de obras Francesc Pons, del que dicen que no sabía leer ni escribir, pero sabía hacer palacios.
En las guerras del país, Solsona nunca fue botiflers y siempre perdió:

En la Guerra de los Segadores (1640), la ciudad alargó tanto la resistencia (1655), que tuvo que venir el mismo Juan de Austria, hijo del rey Felipe IV, para hacerla y entregarla al saqueo.

En la Guerra de Sucesión (1714), Felipe V abolió la Universidad Literaria y desterró al obispo de Solsona, Francesc Dorda, por haber defendido el archiduque Carlos.

En la guerra contra Napoleón (1810), los franceses quemaron la catedral. Se dice que el impío general Macdonald ordenó: "catedral, sin obispo y canónigos, quemar-la"

En la primera guerra de los Carlistas (1833-40), Solsona fue el centro de las operaciones militares y quedó tan destruida, que Pérez Galdós en sus Episodios Nacionales escribe que Solsona "es la ciudad más fea de la cristiandad".

La recuperación de la ciudad, en la segunda mitad del siglo XIX, fue lenta y larga. Además, tuvo que luchar para recuperar el obispado que el Concordato de 1851 había suprimido.
La revolución industrial no repercutió de lleno: los ríos que movían la gran industria pasaban lejos, el tren no llegó nunca y las carreteras llegaron tarde. Esto hizo que Solsona no creciera como tantas otras ciudades del país. Muchas familias marcharon hacia las fábricas del Llobregat y el Cardener.
El casco antiguo todavía presenta el interés de una ciudad medieval con sus murallas y portales, sus calles estrechas, sus plazas, sus fuentes y sus edificios, entre los que cabe destacar el palacio gótico de Llobera, actual sede del Consejo Comarcal, el Ayuntamiento, de estilo renacentista, que era la casa de un mercader, la plaza de San Juan, donde el poeta Josep M. de Sagarra dedicó la famosa poesía "Recuerdo de Solsona", la calle de Llobera, con las casas de muchos mercaderes y canónigos, el palacio episcopal, dentro del cual se encuentra un interesante museo, la catedral de estilo gótico primitivo, en el crucero de la cual está la capilla de la Virgen del Claustro, que es una imagen de estilo románico, considerada como de las mejores del mundo.
Actualmente, Solsona es una ciudad histórica, tejida de tradiciones celosamente guardadas, sin embargo no está cerrada dentro de sus murallas, sino abierta a un futuro expansivo, con un ritmo de construcción extraordinario. En las últimas crisis de trabajo, Solsona se ha defendido con intenso comercio de ámbito comarcal, tal como se manifiesta en el mercado de cada viernes y con las pequeñas empresas, que dan a la ciudad euforia de trabajo y de vida.
Solsona es una ciudad donde brota el olivo y aún florece la retama. Es una ciudad llena de vida y de inquietudes que, situada en el centro del país, lucha por estar presente y activa en la historia de la Cataluña actual.

D. COSTA Y BAFARULL. Memorias de la ciudad de Solsona y apoyo Iglesia. Ed. Balmes, Barcelona, ​​1959.
FALP PLANA, J. Topografía médica de Solsona y distrititos adyacentes. Tipografía de la Casa Provincial de Caridad, Barcelona, ​​1901.
Lacetània, periódico.
LLORENS SOLÉ, A. Solsona y el Solsonés en la historia de Cataluña, vol. I y II. Ed. Virgilio & Pagès, Lleida, 1987.
LLORENS SOLÉ, A. La Virgen del Claustro de Solsona. Solsona, 1966.
Miscelánea: Solsona, 400 años de historia. Ayuntamiento de Solsona, Solsona, 1994.
PLANES Albet, R. / Bayes. P. Un vistazo a la historia de Solsona. Ayuntamiento de Solsona, Solsona, 1990.
RIO Y CABANAS, D.R. La Virgen del Claustro y la ciudad de Solsona. Lérida, 1891.

3 comentarios:

  1. recerca de la documentacio per Josep Maria Creus

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  2. Pues, da ganas de conocer a Solsona

    Bodil

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  3. Uno de los señores de Solsona fue Gran Maestre de la Orden del Temple,y lucho en Jerusalen contra Saladino

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